La soledad provoca daños cerebrales

Ciencia | 2018-11-14 | 18:29:11

Reduce en un 20% el volumen de neuronas de la corteza sensorial y motora y rompe su ADN


El aislamiento tiene importantes consecuencias fisiológicas y psicológicas, como la depresión, el estrés, déficits cognitivos, pérdida de memoria y de concentración. Ahora una nueva investigación ha comprobado que también daña a las neuronas de las zonas cerebrales asociadas a estos síntomas. 


Lo ha descubierto un equipo de investigadores de la Universidad Thomas Jefferson de Filadelfia, que han presentado su investigación en la reunión anual de la Society for Neuroscience celebrada estos días en San Diego, California. 


En su trabajo, estos investigadores, liderados por el neurocientífico Vibol Heng, crearon un espacio en el que pusieron ratones que nacían y se criaban en un ambiente social. Al cumplir los 4 meses de edad, algunos fueron separados de su colectivo y sometidos a 30 días de aislamiento. 


Pasado este tiempo, los investigadores analizaron la forma, el tamaño y la arborización de las neuronas en las regiones cerebrales asociadas a los efectos conocidos del aislamiento, incluidas las alteraciones de la memoria (hipocampo), la pérdida del umbral sensorial y de la discriminación ( corteza somatosensorial), así como deficiencias en la función motora (corteza motora). 


Al mes de estar aislados, el tamaño total del volumen de neuronas de esas regiones cerebrales había disminuido un 20% y se mantuvo así durante tres meses. Este impacto es más significativo en los roedores machos y en las neuronas piramidales (multipolares) de la corteza motora, responsable de los procesos de planificación, control y ejecución de las funciones motoras voluntarias. 


 


Incluso el ADN 


Tal como explica Richard Smeyne, otro de los investigadores, a la revista Science News, observaron también una cosa curiosa: cuando se produce el aislamiento, el cerebro potencia las conexiones neuronales en un aparente esfuerzo para salvarse de los daños derivados de la nueva situación. 


Sin embargo, pasados los tres meses, esas conexiones disminuyen a sus niveles originales, aparentemente ante la evidencia para el cerebro de que el daño ya es inevitable y no merece la pena ese esfuerzo adicional para generar sinapsis. 


Los investigadores también descubrieron otras señales preocupantes, como las reducciones en una proteína llamada BDNF, que estimula el crecimiento neuronal. Los niveles de la hormona del estrés cortisol también cambiaron. En comparación con los ratones alojados en grupos, los ratones aislados también tenían más ADN roto en sus neuronas. 


Los investigadores destacan que sus resultados se refieren a las neuronas de la corteza sensorial, un área del cerebro involucrada en la toma de información, y de la corteza motora, que ayuda a controlar el movimiento, pero que no se sabe si el aislamiento afecta también a otras áreas del cerebro.


 


Hospitales y cárceles, sitios de soledad 


Tampoco se sabe cómo se relacionan los cambios neuronales con el comportamiento de los ratones. En las personas, el aislamiento a largo plazo puede provocar depresión, ansiedad y psicosis. La capacidad intelectual también se ve afectada. Las personas aisladas desarrollan problemas de razonamiento, recuerdo y orientación. 


Para completar este primer resultado, los investigadores señalan que están analizando los efectos cerebrales de un aislamiento más prolongado (de 3 meses) teniendo en cuenta más variables (sobre la edad, sexo, momento de inicio del aislamiento, etc.). 


También intentan averiguar si estos cambios son reversibles cuando los roedores recuperan un entorno social, con la finalidad de que estos resultados puedan ayudar a las políticas públicas relacionadas con el aislamiento. 


Destacan por último que, como animales sociales, nuestra salud depende de las interacciones con los demás. Sin embargo, la realidad es que millones de personas sufren aislamiento social crónico, incluidos los que viven en instalaciones hospitalarias o necesitan asistencia, así como sus cuidadores. 


El aislamiento también se manifiesta en el sistema de justicia penal, que implica a 11 millones de personas encarceladas en todo el mundo, según el World Prison Brief, donde muchas de ellas están aisladas entre 22 y 23 horas cada día y durante más de 30 días.


 



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